2010-01-06

DESDE LA PICOTA DAN ÓRDENES para PALMIRA y la fe ciega de los feligreses políticos

Por ser de interés general, publico esta columna del periodista Jorge Londoño Ariza.

Por: Jorge Londoño Ariza – Vía Internet

Jlk437@gmail.com



¿Por qué política y cristiandad no mezclan?...

Porque el Señor dijo:

“Que tu mano izquierda no conozca lo que la derecha ha dado”...

y la política es un servicio público interesado en donde se cambian favores por votos.

Está demostrado por los estudiosos de la teología librepensadora, que Dios no se entromete para nada en la vida de la especie humana. Así es desde el acontecimiento edénico, cuando los humanos decidieron acudir a su albedrío. Desde entonces, algunos pastores engañan la humanidad. No somos títeres del Señor. Sabemos que somos totalmente autónomos y que Dios para nada intercede en nuestra existencia – salvo que perdonar nuestros pecados y proteger nuestro espíritu entendiendo que todo ser viviente debe y tiene que morir – porque la época de los milagros ya pasó y Dios no es un elemento mágico que obre sobre un parroquiano como por arte de encanto. Ni designa motivadores para que ejecuten “autoridad” sobre ninguno de nosotros y menos señalar “ungidos” entre los políticos que escarnecen la esperanza. Tampoco el Señor proclama adiestradores que invocan a Dios en asambleas políticas para subyugar, ni prefabrica resultados para que se luzca algún fanático que con resultados en goles arenga agradecimientos en su nombre. Hasta donde tengo entendido, el único espíritu y persona que forma parte de nuestras vidas como mediador ante nuestro Dios, es Cristo, como protector personal no colectivo, que nos envía el ángel en persona – inocente y exaltado – quien dirigirá sus pasos hacia nosotros para ampararnos, pero Cristo no es un componente fantástico que elabore dotes por arte de magia. Cristo no es testigo de ningún “señalado” que en su nombre convoca parroquianos para determinar alianzas políticas con entredichos a los que les faltan demasiadas pruebas para que haya claridad.

En esta simulación han convertido los estadios, algunas iglesias y los directorios políticos; una mezcla de pasiones e ingenuidad religiosa, política y futbolera, acrecentando las efervescencias de miseria humana, estimulada por el impostor que predica las emociones del equipo de fútbol en medio de su acaloramiento, o el que incita la sensibilidad de la fe ciega alejada del lado generoso del conocimiento teológico, antropológico y científico, que ha sido escondido a la congregación para enriquecerse, convencidos que echándole la bendición al dinero que se roban quedan santificados; estirando la mano del oportunismo sobre quienes dolorosamente soportan la corrupción y la injusticia para poder llevarle un plato de sopa a sus hijos. Somos una nación de falsos cristianos. Una nación de sicarios que se persignan para cometer un crimen, una feligresía que ora el Padrenuestro y se retuerce de envidia exhibiendo su dignidad pero les molesta la dignidad ajena, como si únicamente pudieran presumir de respetabilidad, quienes desde una mediana representación económica, ejercen un liderazgo político, religioso o de consumo.

Está bien que tengamos que soportar con resignación la amenaza del poder megaeconómico, porque de todas maneras somos parte de la misma podredumbre que amasamos todos los días y soportamos indefensos porque sería estrellarse contra un muro que resulta indestructible; sin la más mínima posibilidad de detener el soborno que intimida operadores de justicia, quienes indolentemente nos dejan ahogar en la impunidad. Pero al fin y al cabo, es el conglomerado estómata en las urnas el que lo admite. Afortunadamente, levantan su voz los guerreros de La Palabra, quienes se encrespan ante el impostor, teniendo en cuenta que la misma Palabra es incontaminable, que se mantiene perfecta aún en la boca de los hipócritas cada que la repiten. De eso se aprovechan los falsos guías de la política quienes con aparente mansedumbre cristiana avasallan, pero por astutos que son, no saben en donde poner su mirada, amparados en el silencio y la infinita bondad del Maestro que es tardo en juzgar y lento para la ira.

Políticos mimetizados en insignias de “moralidad” teñidas con la sangre de las víctimas del parapolítico de dudosa conducta, como llamó la revista Cambio y Cecilia Orozco al excongresista Juan Carlos Martínez el 12 de diciembre en el periódico El Pais: EL PATRONO DEL VALLE, preso en La Picota, dando órdenes de desagradecido desde su Blackberry contra sus anteriores aliados de Palmira, como si en partidismo existieran deudas infinitas y sus órdenes se dictaran como política para perros, atropellando la gente decente que lo creyó limpio y lo respaldó sin adivinar el raponazo de poder a través del espontáneo colegionario, que vio en el oportunismo electoral y el cristianismo histérico, un lucrativo negocio en un equivocado concepto de riqueza.

Seguramente el señor William Rodríguez Cabal como perfil y hombre de confianza de del interdicto Martínez en Palmira no tenga qué ver con los delitos que lo tienen tras las rejas, pero vale preguntarse si es digno que un representante de Cristo lo represente soterradamente salvaguardándolo como socio de sus perversas intenciones (¿?). Es sólo un interrogante, porque sabemos que manipular en nombre de Cristo no es un quebrantamiento delante de los hombres, sino un asunto personal y espiritual por el que el involucrado tendrá que responder ante de Dios y no es a los terrenales a quienes nos corresponda juzgar.

Nos preguntamos si la comunidad palmirana verá con buenos ojos que el señor Rodríguez Cabal ondee la divisa del movimiento político Alianza Democrática Nacional ADN, salvaguardando los intereses del excongresista Martínez (¿?). Así el ejercicio político y electoral sea válido por el respeto mismo a la democracia y nos duela ver los operadores de justicia aplastados por la democracia. ¡Fórmulas habrá!.

Por fortuna, nos queda el espacio constitucional de opinión y libertad ciudadana para disentir y compartir la impresión de un gran conglomerado que ha considerado un atropello a los palmiranos con las decisiones del retenido Juan Carlos Martínez, como una oportunidad para que la misma actividad proselitista lo llame a un juicio político y la comunidad palmirana cuestione el invisible agravante de un cristianismo cargado de una peligrosa promiscuidad, como resultado de mezclar politiquería y prédica cristiana, ante la ingenuidad y la ternura de algunas personas, que por su honestidad no alcanzan a descifrar la deliberación de aquellos que han hecho de la habilidad política y la esperanza una práctica inescrupulosa, corriendo el riesgo, que el malo de todos estos acontecimientos sea el autor y no quienes le han hecho tantísimo daño a esta ciudad.





Palmira, enero 4 de 2010